Las adicciones; guerra psicológica y el capitalismo

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SIMÓN ARRECHIDER

 

La Revolución Bolivariana se encuentra actualmente bajo una de las más grandes embestidas de guerra psicológica que ha enfrentado país alguno en la historia de la humanidad, que no solo se trata de campañas internacionales del monopolio de los medios de comunicación mundial y las redes sociales, de la magnificación y acentuación de los problemas del país, de la disociación de estos problemas para vincular fenómenos estructurales originados por el sistema capitalista a la Revolución, del ataque permanente a la imagen del presidente obrero Nicolás Maduro y al Alto Mando Político, de los ataques planificados para arremeter contra la unidad y la moral del pueblo chavista, y además de esto, un gran ataque que es silencioso, que muchas veces pasa por debajo de la mesa, que busca reproducir los valores del capitalismo y golpea muy fuerte a la sociedad, es el ataque destinado a crear un pueblo adicto.

Debemos asumir el tema de las adicciones como un fenómeno sociopolítico serio, que forma parte de la guerra psicológica, pero que, analizado desde el contexto global, se puede decir inclusive que se trata de uno de los problemas sociosanitarios y político sociales más graves del mundo contemporáneo. En este sentido, existen dos elementos fundamentales, partiendo de aproximaciones que resaltan el carácter históricamente determinado del problema de las adicciones y su importancia política, ellos son:

1. LAS ADICCIONES COMO INSTRUMENTO DEL IMPERIALISMO PARA LA PROMOCIÓN DE SUS VALORES Y CONTROL DE LOS PUEBLOS:

Es muy importante entender que al entrar al mundo de las adicciones como mecanismos de alineación del sujeto, tanto en lo productivo, como cultural, político, afectivo, etc., se entra en un sistema de valores individualista y capitalista que priva de la contradicción entre un mundo subjetivo, injusto, limitado, peligroso, tenso, amargo y aparentemente incognoscible e inmóvil, por otro lado, los deseos, sueños, anhelos y desesperaciones subjetivas de quienes quieren salir de esa amargura existencial (provocada por el modelo capitalista y su industria cultural), es una de las causas del recurso a las adicciones como solución alternativa. Decimos unas porque existen más, pero todas ellas nos remiten en última instancia a la incapacidad de la persona concreta a dar el primer paso que le encamine por el sendero de su liberación. Muchas de estas formas en la que esa incapacidad se plasma, se materializa dependiendo de las condiciones históricas, pero esa incapacidad, ese miedo e impotencia puede reaparecer en determinados momentos, en situaciones de crisis, de autoconfianza, tras derrotas personales o colectivas, tras decepciones y reveses que no pueden ser analizados y comprendidos con rigor, conscientemente, porque aparentan responder a fuerzas inaccesibles y caprichosas, pero en su mayoría inducidas por el sistema para el dominio de los pueblos desde lo individual hacia lo colectivo.

El modelo capitalista, basado en la acumulación del capital y el monopolio sobre los medios de producción, solo es viable bajo un mundo donde los valores que predominen sean: la explotación del hombre por el hombre, la supervivencia del más apto, la cultura individualista y egoísta, el pragmatismo insensible –“el fin justifica los medios”–, el consumismo, el culto al fetiche materialista y la corrupción, el “todo se compra y todo se vende”, el trabajo visto como materia prima, la resignación a ser oprimido, las intolerancias, la acumulación de riquezas para la “felicidad”, los privilegios solo para las clases altas, el “cuánto tienes, tantos vales”, el vivir para trabajar, el dar únicamente para recibir algo a cambio y la competencia feroz. Estos valores guardan una estrecha relación con las adicciones, pues un pueblo adicto no hace revolución, es instrumento de fácil dominación y de autodestrucción, siendo este uno de los determinantes históricos del imperialismo para la dominación de los pueblos.

2. LAS ADICCIONES COMO HERRAMIENTA ECONÓMICA POLÍTICA DEL IMPERIALISMO Y SU CARÁCTER MONOPOLISTA:

El mercado de la droga a escala mundial se estima en 250.000 millones de dólares, que es equivalente al PIB de dos tercios de los países que integran las Naciones Unidas. Estados Unidos es el principal productor y consumidor de drogas a escala mundial, y generador de mecanismos de otros tipos de adicciones. Los países controlados a través de guerras se han convertido en importantes productores de drogas a escala mundial.

La tasa del delito, producto del capitalismo, se incrementa en 6% cada año a escala global, y los efectos devastadores de los otros tipos de adicciones de carácter social ponen en riesgo la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana.

El carácter monopolista de las adicciones, como parte del modelo capitalista, se aborda desde el estudio de una determinada forma de dominación política de Estado, es decir, de producción, distribución y consumo de una cantidad de determinado excedente, que tal o cual formación social produce.

A lo largo del proceso de consolidación del capitalismo como modo de producción progresivamente universalizado, no solamente se han destruido las antiguas relaciones sociales de producción precapitalistas y las antiguas formas de dominación política, sino que también se han destruido largas tradiciones culturales y científicas, entre las que se cuentan las que giran alrededor del uso de las drogas como sustancias, y la creación de elementos adictivos. Se traslada el tabaco a Europa, el alcohol se extiende a América, el opio entra en la China, se empieza a cultivar el café en Brasil, y amplias zonas de las colonias británicas se dedican al cultivo del té. Las drogas, fueron perdiendo su carácter local para irse convirtiendo en universales, en mercancías, integradas a los procesos de maximización de beneficios. Pero en otro sentido, el desarrollo de las ciencias, propiciadas por el capitalismo, hizo posible activos de cada una de estas sustancias, aunado a esto, se establecieron adicciones relacionadas con las necesidades, creadas por el sistema y las relaciones fetichistas (planteamiento de Marx), que aseguran la existencia del capitalismo.

Se puede aseverar sin temor de exageración, que una parte significativa del mundo de las drogas se encuentra en manos de las multinacionales químico-farmacéuticas (antibióticos, analgésicos, psicofármacos, hormonas), donde el límite entre los productos farmacéuticos legales y los ilegales es difícil de establecer, como lo evidencia el caso de la fabricación de psicofármacos o derivados de los alcaloides del opio como analgésicos, porque fácilmente se puede derivar la morfina en heroína. En Estados capitalistas propician multitud de trampas legales que facilitan la difusión de tales productos de forma indiscriminada.

Solo analizando el negocio redondo de las adicciones, tomando como ejemplo el tema de los antidepresivos sin analizar el tabaco, el alcohol y otros tipos de sustancias adictivas, en los Estados Unidos, un total de 2.500 millones de dólares, se centra mayormente en antidepresivos de todas clases. Los estudios realizados confirman que si los pacientes piden un antidepresivo, el médico les receta uno en 76% de los casos, y si piden un antidepresivo concreto, uno cuya marca aparezca en la propaganda, lo reciben en 55% de las peticiones, mientras que las cifras disminuyen si no piden nada concreto o un antidepresivo de baja intensidad. Las industrias de la salud conocen esta realidad y extraen considerables beneficios en el mercado de las depresiones humanas.

Otro elemento que podemos incorporar dentro del análisis de las adicciones es el modo de explotación esclavista, de la fuerza de trabajo infantil por esta industria, al igual que por todo el capitalismo. En el 2003, Bayer fue denunciada por explotar en la India a 2.000 niños de entre 6 y 14 años de edad. Todo esto se reproduce en la industria del tabaco y el alcohol.

Estos (2) dos elementos históricamente determinados de las adicciones, vistos desde el contexto global, vienen a plantear la vinculación directa del modelo imperial, su proceso económico y la forma de afectación hacia el individuo. Por lo tanto, una persona adicta es víctima del sistema, ejecutor y promotor de sus valores, aún así este no lo vea de forma consciente, geopolíticamente lo es.

Con los elementos antes esbozados, podemos establecer una perspectiva crítica del problema de las adicciones, y la intención hegemónica del imperialismo con la guerra psicológica en crear unas sociedades adictas para intentar frenar la Revolución Bolivariana. Por ello es necesario identificar el tema de las adicciones como un elemento de suma importancia analizado geopolíticamente, identificar la vinculación del modelo económico capitalista con el narcotráfico, establecer estrategias comunicacionales que boicoteen las adicciones y sus intereses hegemónicos, activar al Poder Popular y formar en materia de prevención de las adicciones, mantener la unidad del pueblo chavista, promover el buen vivir y el ocio creativo y el análisis de movimientos sociales y juveniles destruidos con la infiltración de las adicciones.

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