Reactivar la violencia en Caracas; estremecer la opinión pública

Guarimbero

Reducida la fase abierta de la guarimba, y cuando ya comienza a volcarse la opinión de los vecinos contra los reductos que quedan en ciertos sectores del este de Caracas, de un día para otro, el domingo una oleada de actos confirman lo que Miguel Rodríguez Torres, ministro de Interior, Justicia y Paz declaró en entrevista a José Vicente Rangel: reducida la barricada, habrán más actos de terrorismo y asesinato selectivo. La mecánica de la agenda golpista ya es tan predecible que aburre. Lo que no la hace menos peligrosa, sino al contrario.

Misión Verdad

Cuando ciertos actos se repiten en contextos determinados, reuniendo más o menos patrones y elementos similares, en el fondo se destaca un método espcífico, y en última instancia, un propósito, un objetivo determinado. “Casualmente”, hoy se celebra una nueva visita de cancilleres de Unasur en el marco del establecimiento de la mesa de diálogo entre el Gobierno Bolivariano y representantes de la oposición. En la última visita realizada, los diplomáticos del continente testimoniaron una Caracas caotizada, producto de actos de sabotaje eléctrico. La agencia española EFE, y, por supuesto, La Patilla, titulan para la ocación y sugieren el clima que se busca el día de hoy: “Cancilleres de Unasur vuelven a Venezuela con sombra de violencia”.

No obstante la violencia acumulada diariamente a nivel nacional, el foco mediático se concentró ayer en Caracas donde, en un solo día, y de golpe, dos personas vinculadas a figuras de peso de la oposición y a las familias de alcurnia nacional aparecen asesinadas, la jefa de corresponsales de Globovisión, Nairobi Pinto, es secuestrada al final de la tarde del domingo, sujetos armados disparan contra una panadería en Los Palos Grandes y en las barricadas restantes de la ciudad se intensifica la violencia con armas de fuego. El intento de “reconquista” de Caracas tuvo su pistoletazo de partida el jueves 3 de abril en la Universidad Central de Venezuela.

Las muertes de Gustavo Giménez y Luis Daniel Gómez

Como fue público y notorio, la mañana de ayer fueron encontrados los cuerpos de Giménez y Gómez en el cortafuegos del Waraira Repano, a la altura de La Pastora. Ambos ejecutados con tiros en la cabeza y sugiriendo previo secuestro. Como siempre, la primera impresión necesaria a transmitirse es la de víctimas de la inseguridad. Pero una mirada al contexto actual, y apoyados en la lógica oscura que se mueve tras la sombra del golpe, pueden consolidar la peor hipótesis posible: así las investigaciones (que comenzarán a trascender, seguramente, al día de hoy) destaquen los móviles de secuestro y sicariato, es imposible desvincular semejantes hechos a motivaciones políticas subyascentes.

Asociarlo con los efectos calculados en el asesinato de Mónica Spear y su pareja en enero resulta inevitable. La diferencia en ambos caso radica centralmente en el nivel de espectáculo en el plano mediático. Mientras que en el primer caso, la conmoción buscaba ser algo extensivo y expansivo a la opinión pública general como descripción del clima de ingobernabilidad, en este caso el golpe que significan ambas muertes será menos espectacular, pero no por ello menos dirigido a un sector muy específico de la sociedad caraqueña: Gustavo Jiménez, vinculado al mundo de la construcción, era amigo cercano de Carlos Ocaríz (alcalde del municipio Sucre) y a Leopoldo López, además de estar vinculado familiarmente a los Mendoza y a empresas Polar.

¿Enrarecimiento total del ambiente de recepción a los cancilleres de Unasur en el marco del diálogo? ¿Mensaje de presión contra cierto sector vinculado al golpismo? ¿Operación negra destinada a radicalizar y/o suprimir las posiciones moderadas dirigencia opositora adentro? ¿Desvío de la atención mediática a la violencia paraca de las últimas guarimbas? Tomada cualquiera de las anteriores como hipótesis cierta, lo lógica macabra que opera de fondo habla de una urgida necesidad de enturbiar el ambiente y buscar detonantes que movilicen sectores desmovilizados y el apoyo perdido a la fase “cívica” de la agenda golpista.

En desarrollo

A la espera de mayor información sobre el secuestro de la periodista Nairobi Pinto, vuelven a relucir las mismas preguntas enunciadas más arriba, enfocadas, precisamente, en Globovisión, ese canal que hace poco la oposición ultra le hizo la cruz y la acusó de cómplice del rrrégimen. Sorprende un sector fuerte de la opinión golpista por las redes al comentar el caso, una especie generalizada de “quien les manda a ser tan moderados” puede confirmar el indudable interés por agitar y satanizar posiciones contrarias al pretendidamente hegemónico discurso golpista.

Muestra sugerente de la guerra irregular, el incremento de armamento letal (plomo y armamento de guerra abiertamente expuesto) en las trancas callejeras y guarimbas como en Santa Fe y El Cafetal, destacan aquello varias veces señalado en múltiples ocasiones por diversos actores: reducida la violencia general, se pasa a la fase terrorista-insurreccional. El “gatillo alegre” contra la panadería Petite Folie en Los Palos Grandes (una persona herida) detaca esa violencia velada y en apariencia “descabezada” sobre la capital venezolana. Ninguno de estos hechos pueden desvincularse uno del otro. Así como se trata de reactivar el espíritu guarimbero, remover a los sujetos todavía activos es parte de la misma línea.

Los muchachos pendejos encubren a los paras en las guarimbas en una suerte de ejercicio de escudo humano sustentado en la idiotez y el espectáculo insurreccional, los medios encubren la violencia y le construyen un sentido a la oleada de violencia, la culpa es exclusivamente del gobierno, justo cuando el punto central del diálogo, planteado por el gobierno, se centra, fundamentalmente, en el problema de la criminalidad.

Lo de aburrido no le resta lo lamentable y peligroso, no le resta sino que le agrega a la pulsión matona de los operadores de la agenda golpista.

La desvinculación de estos hechos de sangre y violencia es completamente ilusorio.

Anuncios