LA OBSESIÓN POR SER “MUÑECAS”

Barbies

APROXIMADAMENTE 40 MIL VENEZOLANAS CADA AÑO AUMENTAN SU BUSTO

“Encontramos a individuos que no piensan por sí mismos, suena duro, pero es la realidad. Esa misma actitud de mantenerse pasivo ante todo lo que ofrezcan los agentes socializadores”.

¿Será la obsesión por ser como las muñecas perfectas con las que jugaban?, ¿los continuos mensajes enviados desde los medios masivos sobre la belleza estereotipada? O la necesidad de lucir más atractivas, lo que ha hecho que cada día existan más mujeres venezolanas dispuestas a someterse a algún tipo de cirugía estética.

En relación con el año 2011, en el que 130 mil 595 personas se practicaron alguna cirugía plástica, el año 2012 representó el auge del bisturí para corregir imperfectos, pues las cifras se elevaron a 256.000 venezolanos dispuestos a creer en la intervención quirúrgica con fines estéticos, así lo registró la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica y Estética.

Esta institución reconoce dentro de sus actividades que 40.000 venezolanas cada año aumentan su busto. Este tipo de cirugía es la que más se realiza, pese a los daños que ocasionaron los famosos implantes PIP recientemente. Pero esa no es la cifra definitiva, pues no todos los cirujanos están adscritos y solo saben las estadísticas de esa organización.

Aún se desconocen los datos oficiales del 2013, pero sin duda, los cánones de belleza actuales deben haber multiplicado todas esas cifras. Ahora para ser bella o bello es una regla pasar por el quirófano.

Así comenzó todo

Aunque hoy ir al quirófano es casi tan normal como maquillarse, no siempre fue así. El libro Plastikos, escrito por los cirujanos Taissoun, Villasmil y Torres, explica que la Primera Guerra Mundial fue el punto crucial para el desarrollo de la cirugía plástica: el enorme número de pacientes heridos por proyectiles forzó la organización de centros especializados en Europa y Estados Unidos, donde la cirugía plástica no era reconocida.

La Segunda Guerra Mundial y sus horrores fue la oportunidad para ampliar el campo de la cirugía plástica y es entonces, cuando deja de estar confinada únicamente a la reconstrucción maxilofacial, para dedicarse a fines mucho más estéticos.

Sociedad Podrida

Según el sociólogo Néstor Castro Severyn, el tema de la cirugía estética toca varios puntos de la sociedad: El proceso de socialización, la identidad de género y la industria cultural.

“El proceso de socialización es aquel en el que el individuo va aprendiendo a hacer vida colectiva. A su vez, entran en juego los agentes que no son inmutables y los aprenderá dentro de la familia, la escuela y la cultura; por eso se duplican conductas y se propagan ideas, por muy absurdas que parezcan. Es la misma dinámica de consumo y mercado que se establece intrínsecamente en los entornos de cada individuo, la que va delimitando los requisitos sociales”, explicó.

Las cirugías estéticas se vinculan mucho con el género porque la mujer, desde la sociedad patriarcal, ha sido víctima de la inferioridad ante el hombre. Eso ha cambiado con el tiempo, pero aún persiste la idea de que el hombre es quien propone, impone y maneja las necesidades que debe sentir la mujer. “Incluso aún se ve a la mujer como una especie de venta, de objeto que se exhibe. Esta es una de las razones por las que deciden operarse”, aseveró el sociólogo.

En cuanto a la industria cultural, Castro apuntó que no solo los medios masivos transforman a las sociedades. El problema radica en que la colectividad acepta pasivamente la lógica que estos proponen. “Algunos agentes socializadores tan importantes como la familia y la escuela, ya vienen tocados, inyectados y alienados de alguna forma por esa lógica del consumo impuesta por los medios”.

“Es común encontrar maestras que se operan, la televisión repleta de novelas con mujeres operadas, la buena presencia como requisito principal en los trabajos; es decir un proceso sistemático de conductas que se reproducen. La belleza estereotipada se ha convertido en un requisito social”, afirmó.

La familia es clave para legitimar o repudiar las conductas impuestas por la industria cultural. “Encontramos a individuos que no piensan por sí mismos, suena duro, pero es la realidad. Esa misma actitud de mantenerse pasivo ante todo lo que ofrezcan los agentes socializadores, hace que se pierda el sentido crítico dentro de las sociedades”, señaló.

A pesar de que es cierto que muchos se dejan llevar por lo que impone el ritmo social, otros se encargan de contrarrestar la alienación. Castro expuso que los grupos de resistencia están integrados principalmente por aquellos que se denominan “cultos”; es decir que tienen conocimiento suficiente para formar un sentido crítico y responsable de la realidad social.

Otro sector resistente son las etnias indígenas, que mantienen sus principios ancestrales imperantes, y por último, las familias más conservadoras, no por el hecho de sus niveles de conciencia o por su capacidad de comunicación dentro del hogar, sino por su arraigo religioso.

Ellas opinan

Carla Orta, estudiante de 21 años de edad, relató que en el momento que decidió operarse fue cuando empezó a sentirse inconforme con sus senos. “Me veía al espejo y ninguna camisa me quedaba bien. Quise operarme para sentirme bien yo, no para lograr más aceptación ni nada por el estilo, ya que eso te lo da la actitud y no unos senos”, dijo.

De igual forma, enfatizó que conocía los riesgos de operarse, pero que su mamá ya lo había hecho y eso le dio más seguridad. “No me arrepiento en lo absoluto de haberme operado”, precisó.

En contraste con ella, está Any Salas, comunicadora social de 22 años de edad, quien repudia las operaciones porque la mujer pierde su esencia. “Algún día serán madres, tendrán que rendir cuentas. Y aunque nunca sean madres, es andar por la calle desfilando la inconformidad con tu cuerpo; difícilmente te podrán aceptar otros”, añadió.

Ellos responden

En una sociedad machista como la venezolana, el hombre tiene mucho que ver en las decisiones de las mujeres.

Juan Mendoza, sociólogo de 21 años, argumentó que lo que más cuestiona es el motivo por el cual llegan a someterse a la cirugía estética. “No estaría con una mujer que se aplicara una cirugía estética, porque considero que es simplemente la reproducción de un patrón impuesto por el mercado sobre lo que es la belleza, que no tiene nada que ver con la naturalidad que poseemos las personas y que posee nuestro ciclo de vida. Una mujer que considere eso necesario, no es a fin de cuenta, la mujer que transporta su esencia”.

Los gustos son diversos, pues Arnold Hernández, estudiante de 23 años de edad, apoya la idea de las operaciones estéticas: “Una mujer operada me representa, me siento más importante. Además barco grande, ande o no ande”, corroboró.

Por una realidad cambiante

Ante una realidad que demanda soluciones y análisis, las mujeres deben entender que las cirugías estéticas no son negativas, porque en muchos casos han servido para reconstruir partes del cuerpo que lo necesitaban. El conflicto radica en el sentido que tienen ahora: ya no se trata de una tercera guerra mundial, en la que todos están heridos y necesitan reconstrucciones. Ahora es una necesidad creada, que responde a las lógicas del mercado mundial.

Para María Fernanda Olávez Peña, Psicóloga Infantil del Centro Psicológico Multidisciplinario de Ciudad Ojeda, la sociedad venezolana sufre de Sobregeneralización: un tipo de distorsión cognitiva que permite sacar conclusiones generales de hechos particulares.

De allí surgen hipótesis como “soy gorda, nunca voy a hacer ni a ser nada bueno en la vida”, “todas las esqueléticas son feas”. Los pensamientos anteriormente nombrados son producto de la vanidad, una baja autoestima y una personalidad pobremente integrada, que aun sabiendo los riesgos de una intervención quirúrgica estética, la mujer estaría dispuesta a operarse para ceñirse a los cánones de belleza preestablecidos.

“Un grupo de la población es tan persuasible que aprovechan de comercializar la tan anhelada buena autoestima y auto concepto a través de la cirugía estética, como si funcionara como una fórmula mágica. La cirugía plástica no es una cura milagrosa para solventar problemas personales y sociales, jamás lo ha sido y jamás lo será”, aclaró la experta.

En concordancia con lo anterior, Olávez manifestó que tener una preocupación moderada por la imagen física es algo normal y sano como reflejo de cuidado y autoestima. Sin embargo, la preocupación excesiva por el cuerpo o por algún defecto específico puede llegar a caer en un extremo malsano, acompañado de pensamientos obsesivos, ansiedad y distorsiones de la realidad.

Es trascendental que la sociedad comprenda que para solucionar este tipo de conductas la familia es el principal agente responsable. El acompañamiento pertinente de los padres en el crecimiento de las niñas y niños venezolanos, puede evitar muchas conductas indebidas en el futuro. La proliferación de la cirugía no se desarrolló abruptamente, ha venido aumentando por la falta de comunicación en los hogares y por la constante presión del entorno social.

La necesidad de las venezolanas de convertirse en “muñecas”, como las que observan en el Miss Venezuela, en los avisos publicitarios y las telenovelas asciende porque el aspecto físico se ha convertido en el principal referente cuando se habla de belleza y con ello, la concepción de que operarse o estar extremadamente delgada es la garantía de la obtención de beneficios sociales y culturales que producen placer y proponen posicionamientos de poder.

El sociólogo Castro y la Psicóloga Olávez coinciden en que la educación es la mejor herramienta para formar una sociedad más crítica; que no esté basada en las imposiciones, sino que dote de capacidad a las familias venezolanas para que entiendan que no existe nada prohibido, solo existen ofrecimientos sociales que sencillamente son innecesarios. La cirugía estética es una necesidad creada, que cobra sentido cuando no es la vanidad ni la falta de autoestima lo que ha determinado la decisión.

Tomado de: laiguana.tv

Anuncios