Luchar por la clase media: ¿Vale la pena?

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CLODOVALDO HERNÁNDEZ

Al iniciarse un tiempo libre de presión electoral, el PSUV y los otros componentes del Gran Polo Patriótico tendrán la oportunidad de entrar en el debate doctrinario y estratégico. Uno de los aspectos de esa controversia es cómo superar la reiterada discapacidad del chavismo para romper el blindaje cultural e ideológico que lo aísla de la clase media.

Comienza un extraño período de casi dos años completos sin elecciones. Es un tiempo propicio para que los partidos y las coaliciones políticas, desprovistos de obligaciones inmediatas como maquinarias electorales, dediquen parte de sus esfuerzos a lo doctrinario y a la visión estratégica.

En el caso del Partido Socialista Unido de Venezuela y del Gran Polo Patriótico es mucho el trabajo de reflexión, análisis y debate que debe realizarse. Son numerosos los temas para las deliberaciones, pero uno que surge luego de los últimos procesos electorales es determinar por qué el chavismo no logra penetrar significativamente en los estratos de la clase media-alta y media-media y, antes bien, tiende a perder terreno paulatinamente en la clase media-baja.

Los resultados del área metropolitana de Caracas son, en ese sentido, muy ilustrativos. Los tres municipios de clase media (Chacao, Baruta y El Hatillo) demostraron ser inexpugnables fortalezas del antichavismo. Ni siquiera las pésimas gestiones de sus alcaldes ni la división de las fuerzas opositoras impidieron que el electorado se pronunciara abrumadoramente a favor de la contrarrevolución.

Adicionalmente, la corriente bolivariana no pudo ganar en el municipio Sucre, a pesar de contar este con una gran porción de clase popular. Y, en cuanto al municipio Libertador, fue claro que el chavismo triunfó con solidez en las parroquias con mayor cantidad de población asentada en barriadas y urbanizaciones populares y siguió sin poder recuperarse en los espacios de nivel socioeconómico medio.

Como consecuencia de ese cuadro político, marcado por el factor socioeconómico del electorado, tampoco fue posible recuperar la Alcaldía Metropolitana.

Sobrará quien diga que empeñarse en taladrar las barreras que separan a los sectores medios del ideal socialista es desperdiciar tiempo y esfuerzos que pueden tener un uso más eficiente. Sin embargo, cuando se sopesan serenamente los resultados del 8D se advierte que mientras estos segmentos sigan siendo cotos cerrados del antichavismo, será muy difícil para la Revolución conquistar (o reconquistar) espacios que pueden resultar claves en la lucha por garantizar la continuidad del proceso político en los próximos tiempos.

En términos pragmáticos, avanzar en la clase media-media y media-alta y detener el desgaste en la media-baja será fundamental para obtener un triunfo contundente en las elecciones legislativas de 2015. Y lograr esa victoria es crucial para la viabilidad del gobierno del presidente Nicolás Maduro en la segunda mitad de su período. El escenario de una Asamblea Nacional con mayoría opositora es sencillamente catastrófico para las fuerzas bolivarianas. No hay que ser un profeta político para pronosticarlo.

Más allá de lo netamente electoral, la conquista o recuperación de las clases medias sería importante en el plano de la política de eficiencia en la gestión que ha pregonado Maduro desde su llegada al poder. No se puede obviar el hecho de que los segmentos medios de la población concentran buena parte del talento profesional y técnico de la sociedad. La dirigencia opositora ha utilizado reiteradamente esas capacidades en contra de la Revolución, mediante acciones de sabotaje llevadas a cabo dentro del mismo sector público o desde el privado. El gobierno obtendría un sustancial logro si pudiera al menos neutralizar esa tendencia. Y el éxito sería descomunal si consiguiera revertirla.

LA PARADOJA DEL ASCENSO SOCIAL

Entre los aspectos que deberían ser analizados aprovechando la tregua electoral se cuenta uno que podría denominarse, con propiedad, la paradoja del ascenso social. Se trata de un fenómeno que se ha observado reiteradamente desde que la Revolución, gracias a sus políticas sociales, comenzó a estimular el trasiego a la clase media de muchas familias que pertenecían a los segmentos más pobres de la población. Lo paradójico es que, por ejemplo, personas favorecidas por la Gran Misión Vivienda Venezuela, en lugar de reforzar su apoyo a la Revolución, han pasado a militar en partidos opositores o, al menos, a otorgarles su voto y, lo peor, a asumir su discurso segregacionista en lo social.

Al adquirir el estatus de clase media, por el tipo de vivienda y su ubicación, algunas de estas personas han experimentado una metamorfosis, intentando asimilarse también a los valores (o antivalores) predominantes en esa clase social y asumiendo ideas políticas contrarias al socialismo. Un contrasentido, sin duda, pues solo en un gobierno socialista puede producirse este tipo de movilidad social en el corto plazo.

La paradoja del ascenso social también ha tocado a personas que fueron incorporadas a las nóminas de diversos organismos y empresas estatales, obteniendo unos salarios, unos beneficios socioeconómicos y una estabilidad laboral de los que no habían disfrutado previamente en el sector privado de la economía. Estas condiciones han significado una creciente prosperidad personal y familiar, pero, por razones que deben ser estudiadas concienzudamente, muchos de estos funcionarios han derivado hacia posturas opositoras y no pocas veces se han convertido en factores de sabotaje y entorpecimiento de la gestión.

Una hipótesis es que los chavistas han sido colonizados mentalmente por sus compañeros de trabajo opositores de origen (a quienes la Revolución no les ha tocado un pelo en quince años, dicho sea de paso), pero más allá de casos particulares, hay que pensar en el aserto marxista según el cual “el ser social determina la conciencia social”: los revolucionarios que han alcanzado el nivel de vida típico de las clases medias han asimilado también su cosmovisión, signada –en su lado negativo- por el egoísmo, la competencia feroz y, en casos extremos, por la abominación del pueblo pobre.

EL BIENESTAR Y EL CONSUMISMO

La discusión sobre cómo superar la discapacidad para penetrar en la clase media se vincula también con una de las grandes deformaciones que ha sufrido el capitalismo en Venezuela y que la Revolución no solo no ha podido frenar, sino que, en muchos sentidos, ha acentuado: el consumismo.

La propensión a dilapidar los recursos provenientes de la renta petrolera es ya bastante antigua en el país. Tuvo uno de sus hitos durante la gran bonanza petrolera de los años 70, cuando las florecientes clases medias se volcaron a malbaratar sus ingresos comprando toda clase de lujos tanto dentro como fuera del país.

Cuando terminó el festín de los petrodólares, uno de los afanes de la clase media fue mantener su estatus a pesar de los azotes de la crisis económica que detonó, simbólicamente, el 18 de febrero de 1983, fecha conocida como el Viernes Negro. Gastar el dinero que tienen y el que aún no tienen para preservar un nivel comparable con el estilo de vida de las clases medias de los países industrializados ha sido uno de los afanes más enraizados de los integrantes de este sector de la población venezolana en las últimas tres décadas. A ese empeño se han sumado, en buena medida, aquellos que se han incorporado a este estamento social, incluyendo los que lo han logrado en los quince años transcurridos desde el inicio de la Revolución.

El consumismo se ha constituido en uno de los pivotes ideológicos del capitalismo que sigue reinando en el país. Más que el bienestar que pueden proporcionar los bienes, la sociedad ha caído en la trampa de hacer de su posesión un verdadero rito. Esto explica por qué mercancías como los automóviles, los electrodomésticos y los teléfonos celulares han pasado a ser ídolos, dicho sea en un sentido casi religioso.

En lo que, sin duda, es otra gran paradoja, varias de las políticas públicas desarrolladas por la Revolución para mejorar el nivel de vida de la mayoría, le han dado fuelle al consumismo más voraz, han potenciado esa adoración de la mercancía, y, por tanto, han sembrado de cargas implosivas la ruta al socialismo.

Esta especie de blindaje ideológico ha sido una de las causas de la impenetrabilidad de la clase media ante la propuesta revolucionaria. Por ello, son muchos los que opinan que intentar conquistar a este sector es perder el tiempo. Mientras tanto, otros consideran que es un trabajo cultural y político de largo plazo, pero que debe atenderse de sin más postergaciones. En todo caso, es un tema para el debate. Y nada como un extraño período de casi dos años sin elecciones para asumir la discusión con la profundidad que amerita.

Tomado de: http://www.ciudadccs.info/?p=519500

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