De los petrodólares a las petroguerras

petrodolar

M.A.D.A.

Karamareporter.wordpress.com

 

 Ahora que el tema de la guerra civil en Siria pareciera hallarse en suspenso como consecuencia de los buenos resultados de las operaciones de desmantelamiento del arsenal químico de Bachar-el-Assad, los rusos se congratulan de su victoria diplomática y del acuerdo Kerry-Lavrov logrado en septiembre pasado que impidió in extremis una intervención militar ardientemente deseada sin embargo por Londres, París y Washington. Ante la complejidad de las relaciones y de fuerzas entre los diferentes actores implicados, conviene analizar las apuestas geopolíticas que subyacen en este conflicto aclarando especialmente lo relativo a las profundas motivaciones de la política exterior de los EE.UU. en Medio Oriente.

Un Nobel de la Paz va a la guerra

George W. Bush, presidente de los EE.UU. entre 2001 y 2008, y su administración de neoconservadores permanecerán en la historia por haber presidido las dos mayores guerras de comienzos del siglo XXI: la guerra de Afganistán contra el régimen de los talibanes, que se inició en 2001 y que aún hoy continúa, y la guerra de Irak comenzada en 2003 y oficialmente concluida en 2011. Su sucesor Barack Obama, elegido en 2008 y reelegido en 2012, se distanció de su predecesor al realizar una progresiva retirada de las tropas de Irak (pero aumentando las de Afganistán) e iniciando una campaña de asesinatos teledirigidos por medio de drones en el Yemen y en Pakistán (especialmente en la región de Waziristán). Según el informe “El año del drone”, publicado en 2010 por la New American Foundation, el 32% de las víctimas de ataques con drones en Pakistán han sido civiles. El 10 de diciembre de 2009, es decir diez días después de haber anunciado el envío de 30.000 soldados más a Afganistán, Barack Obama recibió el premio Nobel de la Paz en Oslo demostrando, como si fuera necesario, una vez más que la realpolitik (1) no teme las contradicciones.

En 2011, los EE.UU. apoyaron la intervención militar en Libia a partir de las resoluciones 1970 y 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que establecieron un embargo de armas y una zona de exclusión aérea en Libia. Resoluciones que fueron seguidas de un intenso bombardeo de la OTAN en la “Operación Protección Unificada”, que condujo a la muerte a Muamar Gadafi el 20 de octubre de 2011. Paralelamente los EE.UU. han apoyado (mediática, diplomática y financieramente, como veremos más adelante) al sector de los autoproclamados “rebeldes” de la guerra siria. La revuelta popular anti-Assad de marzo de 2011 se transformó rápidamente en una guerra civil, con la intervención de muchos protagonistas externos con intereses propios, en primer término los EE.UU., Arabia Saudita, Catar, el Reino Unido y Francia y del otro lado Rusia, China, Irán y el Líbano. Esta “guerra geoestratégica por procuración” ya lleva, según la ONU, más de 100.000 muertos, entre los que se cuentan decenas de miles de civiles.

Más allá de estas aclaraciones preliminares de tipo fáctico se debe comprender muy bien lo siguiente “la primavera árabe” que se produce en el norte de Africa y en el Medio oriente a partir del 2010 sirve de combustible a un cóctel explosivo cuya mecha ha sido preparada desde hace mucho tiempo por los EE.UU. y sus aliados. El blanco y el objetivo de ese juego macabro se basa en aplicar en provecho propio un refrán muchas veces verificado en la historia: divide y vencerás. Recordemos lo que informaba Weslwy Clark (exgeneral cuatro estrellas del ejército de los EE.UU. Y comandante supremo del Cuartel General de la división Europa de la OTAN entre los años 1997 y 2000 luego de haber dirigido el bombardeo de Kosovo en la operación Fuerzas Aliadas en 1999) en su discurso en el Club Commonwealth de California el 3 de octubre de 2007. Wesley Clark había sido informado por el expresidente del Banco Mundial Paul Wolfowitz (en ese momento subsecretario político de Defensa) de que a los EE.UU. les quedaban alrededor de cinco a diez años para deshacerse de esos viejos regímenes clientes de los soviéticos –Siria, Irán e Irak– antes de que una futura superpotencia viniera a desafiarlos. Diez años después, en noviembre de 2001, Wesley Clark comunica al Pentágono que, en el marco de un plan quinquenal, se estaban discutiendo los planes para atacar a Irak (…) para seguir con Siria, Líbano, Libia, Irán, Somalia y Sudán.

La realpolitik al servicio de los petrodólares

Para comprender la orientación y las estrategias desarrolladas por los EE.UU. en Medio Oriente, conviene ubicarse en el estudio histórico de su política exterior. Un breve regreso a la época de la postguerra nos permite actualizar los mecanismos económicos mediante los cuales los EE.UU. se han asegurado la hegemonía planetaria (que pretenden conservar) durante la segunda mitad del siglo XX. Al terminar la Segunda Guerra Mundial los EE.UU. disponían de la mayor parte de los capitales mundiales. Producían la mitad del carbón, las dos terceras partes del petróleo, más de la mitad de la electricidad a nivel mundial y atesoraban las dos terceras partes de las reservas mundiales de oro. Los acuerdos de Bretton Woods firmados en 1944 establecieron un sistema estándar de patrón oro (Gold Exchange Standard) basado en el dólar estadounidense; todas las monedas se definen en base al dólar y solo el dólar con respecto al oro. Las tasas de cambio de las diferentes monedas se fijan respecto al dólar y las reservas de los bancos centrales deben conformarse en divisas y ya no en oro (2).

Del dólar dependen de aquí en más el crecimiento y la inflación mundiales, al servicio de los Treinta gloriosos que presiden el auge económico y la opulencia del “mundo occidental”. Se suponía al mismo tiempo que el gobierno estadounidense –a través de su Reserva Federal o FED– garantizaría el “real” valor del dólar absteniéndose de imprimir demasiada moneda.

Los acuerdos de Bretton Woods dieron también origen al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional cuyos papeles oficiales son “promover la cooperación monetaria internacional, garantizar la estabilidad financiera, facilitar el comercio internacional, contribuir a un mayor nivel de empleos, a la estabilidad económica y a la reducción de la pobreza” (3).

Durante la década del 60, la guerra de Vietnam y la carrera espacial llevaron al gobierno estadounidense a incrementar los gastos y a generar una inmensa liquidez internacional en dólares. Al ver que la balanza de pagos de los EE.UU se desequilibraba, Francia y otros países europeos reclaman la contraparte en oro de la gran cantidad de dólares que tenían en su poder. Los EE.UU. no aceptan queriendo mantener su encaje en oro y para evitar el reembolso el presidente de los EE.UU. Richard Nixon, el 15 de agosto de 1971, decide poner fin a la convertibilidad del dólar en oro (decisión oficializada el 8 de enero de 1976 en los Acuerdos de Jamaica).

El sistema de tasas de cambio fijas se derrumba definitivamente el 19 de marzo de 1973 y se reemplaza por un sistema menos regulado de cambios flotantes (o régimen de cambios flexibles). De este modo la creación monetaria queda liberada de las limitaciones del estándar monetario mundial fijo con cantidades finitas, pero eso afectará de allí en adelante la demanda global de dólares de los EE.UU. amenazando directamente a la economía estadounidense. El gobierno de los EE.UU. ayudado por compañías con lobbies todopoderosos encuentra entonces una referencia de cambio que le permite conservar la supremacía del dólar: el petróleo.

En 1973, el secretario de Estado de los Estados Unidos Henry Kissinger realiza acuerdos secretos con la familia real de Arabia Saudita mediante los cuales los EE.UU. ofrecen protección militar y provisión de armas a cambio de que el país solo venderá su petróleo en dólares USA e invertirá los beneficios excedentes en bonos del Tesoro de los EEUU y en dólares en billetes. Otros acuerdos firmados posteriormente en 1971 y 1973 obligan al conjunto de los países de la OPEP (4) a vender igualmente su petróleo en dólares USA lo que crea una permanente demanda de dólares en el mercado internacional de cambios. Siendo la mayor parte de los países del mundo dependientes de las importaciones de petróleo, el petrodólar se convierte en el mundo en la moneda de reserva dominante reemplazando al oro como estándar. Desde entonces y hasta ahora los países importadores y exportadores se ven en la obligación de comprar dólares de la FED, la Reserva Federal de los EE.UU. que es la única institución autorizada a emitir esa moneda.

Luego de cuarenta años de inflación y dos (y hasta tres) golpes petroleros, los precios del petróleo aumentan desmesuradamente: en 1972 el barril de petróleo costaba 1,9 dólares en 1981, 34 en 1981 y en 2008 llega a más de 140. Por lo tanto las ganancias de los países productores de petróleo como también los EE.UU. que disfrutan de las transacciones en dólares explotan. De modo que el dólar, moneda de un país federal que en 2012 acusaba una deuda total de más de 16 billones de dólares, es decir el 103% de su PBI, se mantiene gracias a su adhesión al petróleo y a la dependencia de este recurso de la mayor parte de los países industrializados.

Las guerras de los hidrocarburos en nombre de la paz y de la democracia

El hecho de que el euro y el yen se hayan convertido en monedas fuertes ha llevado a ciertos países exportadores de petróleo a desear que su producto ya no se pague en dólares sino en otras monedas. Si lo lograran el valor del dólar se vería fuertemente reducido con relación a las otras monedas y en consecuencia encarecería las importaciones de los EE.UU. arruinando su economía. De este modo se comprende por qué todos los países que anuncian públicamente que venderán su petróleo en otra moneda caen en una línea de mira que termina a menudo en un desastre humanitario:

IRAK

En el año 2000, el presidente iraquí Saddam Hussein, que ya había comenzado a nacionalizar las compañías petroleras en 1972, anunció que sus ventas petroleras se realizarían desde entonces en euros y no en dólares.

En 2001 George Bush se convierte en presidente de los EE.UU. y reúne junto a él a varios simpatizantes neoconservadores del Proyecto para la New American Century (PNAC): Jeb Bush, Dick Cheney, Zalmay Khalilzad, Lewis Libby, Dan Quayle, Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz ; así como Condoleezza Rice, excolaboradora de Chevron (Texaco). Varios de ellos son signatarios de la carta que el PNAC le envió a Bill Clinton en 1998 en la que expresaban que “la única estrategia aceptable era la que eliminaba la posibilidad de que Irak pudiera amenazar con emplear armas de destrucción masiva. Eso significa emprender una acción militar en el corto plazo” (5).

Inmediatamente después el 11 de septiembre de 2011, Donald Rumsfeld (entonces Secretario de Defensa de los EE.UU.) y Dick Cheney (entonces vicepresidente de los EE.UU. y exdirector de Halliburton, una multinacional especializada en la industria petrolera que obtuvo en 2003 grandes contratos en Irak, ponen en marcha un plan para hacer caer a Irak, Libia, Siria e Irán. Paul Wolfowitz, (entonces secretario adjunto de Defensa bajo las órdenes de Donald Rumsfeld) declara: “los ingresos del petróleo iraquí aportarán en los próximos dos o tres años entre 50.000 y 100.000 millones de dólares, lo que permitirá financiar la propia reconstrucción del país y más aún”.

En 2003, los EE.UU. y sus aliados invaden el país pretextando que el régimen posee armas de destrucción masiva («weapon of mass destruction», o WMD) y lanzan la “Operation Iraqui Freedom” con el propósito de derrocar a Saddam Hussein e instalar una democracia iraquí. Dos meses después de la invasión en marzo de 2003, George Bush anuncia el restablecimiento de las ventas en dólares del petróleo iraquí.

IRÁN

Segundo productor de petróleo del mundo y primer exportador de la OPEP. Dispone por otra parte de la mayor reserva mundial de gas natural.

En 1951, el futuro primer ministro de Irán Mohammad Mossadegh nacionalizó la compañía petrolera británica Anglo-Iranian Oil Company (que se convertirá en la British Petroleum Company en 1954, actualmente BP) e inició una política antibritánica. La operación secreta Ajax, llevada a cabo en 1953 por el MI6 (servicio de información exterior del Reino Unido) y la CIA (principal agencia de inteligencia de los EE.UU.) destituye a Mossadegh y consolida el poder del sha Mohamed Reza Pahlavi. Se restaura la Anglo-Iranian Oil Company y se otorgan permisos a cinco empresas petroleras estadounidenses y además a la Royal Ducht Shell y a la Compañía petrolera francesa (actualmente TOTAL).

En 1979 el Ayatollah Jomeini toma el poder mediante una revolución. Un año más tarde Irak apoyado financiera y militarmente por otros países árabes, y luego los EE.UU. y otros países occidentales, invade Irán: comienza la primera guerra del Golfo.

En 1996 los EE.UU. establecen un embargo sobre las importaciones de petróleo y de otros productos iraníes.

A partir de 2003, Irán pide que sus exportaciones de petróleo a Europa y Asia se paguen en euros y no en dólares. En 2006 Venezuela apoya la decisión de Irán. El 17 de febrero de 2008 Irán inaugura la Iranian International Petroleum Exchange, una bolsa en la que se comercializan productos derivados del petróleo iraní, con la intención de hacerlo también con el petróleo bruto. La particularidad de esta bolsa es que el comercio se realiza en riales iraníes y no en dólares como en las demás bolsas mundiales. La idea es que también se llegue a comercializar en otras monedas como el euro. En 2009 Irán anuncia qwue ha dejado totalmente de realizar transacciones petroleras en dólares estadounidenses.

El 23 de enero de 2012, los países de la UE deciden imponer a Irán un embargo gradual sobre el petróleo sancionando a su banco central con el objeto de cortar el financiamiento de su (supuesto) programa nuclear.

LIBIA

Después del golpe de Estado que lo instala en el poder libio en 1969, Muammar Gadafi obliga a las compañías petroleras extranjeras a aumentar el precio del barril de petróleo abriendo así el camino a los demás países productores. En 1973 nacionaliza las compañías petroleras, un choque petrolero que enriquece al país.

Poco antes de la intervención de la OTAN en Libia a comienzos de 2011, Muammar Gadafi había rechazado el uso del dólar como moneda reglamentaria para la comercialización del petróleo libio. Y comenzaba asimismo a crear un bloque de países africanos que funcionaría con una moneda indexada sobre base oro con el objeto de reemplazar al dólar en las transacciones regionales.

El 17 de marzo de 2011 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas donde cinco miembros, China, EE.UU:, Francia, el Reino Unido y Rusia, tienen derecho a veto adopta la resolución 1973 que autoriza bombardeos aéreos contra las fuerzas de Gadafi “para proteger al pueblo libio” Luego de 9.658 bombardeos y 7.700 bombas misiles dirigidas al país, aún no se ha desvelado la cantidad de víctimas provocadas.

En el caso de la guerra de Afganistán y del apoyo que prestan los EE.UU. y algunos belicosos países europeo (especialmente Francia y el Reino Unido) a la rebelión siria contra Assad, también se trata de los intereses geoestratégicos relacionados con el envío de hidrocarburos de la región del Caúcaso (productora) a los países europeos (consumidores).

AFGANISTÁN

El fondo del mar Caspio está saturado de yacimientos petrolíferos y gasíferos aún poco explotados. Contrariamente a lo que sucede con el petróleo de las petromonarquías, de Irak o de Irán, que puede exportarse fácilmente a través de los puertos del Golfo, el petróleo y el gas del Caspio necesitan ser transportados por través de tuberías para exportarlos a Europa y los EE.UU.. Existen varios trazados alternativos, desde Azerbaiján pasando por Rusia, Georgia, Armenia o Turquía. El oleoducto Bakú-Tibilisi-Ceyhan (BTC) por ejemplo, inaugurado en 2005, transporta petróleo bruto de los yacimientos petroleros del mar Caspio hasta el Mediterráneo. Para descongestionar los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos es necesario encarar nuevos trazados. Los EEUU deseosos de evitar a Rusia y a Irán quieren construir el proyecto de oleoducto TAP, que atravesaría Turkestán, Afganistán y Pakistán pero se encuentran con la oposición del régimen afgano talibán.

En 2001, con el pretexto de capturar a Osama Bin Laden, destruir la organización Al Qaeda y derrotar al régimen talibán, los EEUU invaden Afganistán. Hamid Karzai (exconsultor de la compañía gasifera y petrolera californiana Unocal) se convierte en el presidente interino de la Administración afgana y luego en su presidente en 2004 y nuevamente reelegido en 2009. Un informe de la Oficina de Drogas y Criminalidad de las Naciones Unidas, del año 2009, consigna que el tráfico de opio en Afganistán (que había sido casi totalmente erradicado por los talibanes) constituye hoyel 93% de la producción mundial y genera 3,4 billones de dólares anuales. Este maná opiáceo beneficia a los traficantes y a los campesinos que cultivan la amapola del opio, pero también y sobre todo (en un 75%) a los funcionarios del gobierno, a la policía y a las autoridades locales y regionales, Ahmed Wali Karzai, hermano del presidente, ha sido acusado de narcotráfico y de corrupción y de recibir dinero de la CIA. El mismo presidente Hamid Karzai ha recibido decenas de millones de dólares de la CIA lo que refleja la preocupación de la agencia por aumentar la influencia de los EEUU en el país.

SIRIA

Uno de los males sirios es el de hallarse en la ruta (o mejor dicho en una de las rutas) del petróleo que viene de Irán con destino a Europa. Otro de sus males es ser, por razones históricas, incondicional aliado de Irán (enemigo de los EEUU desde la revolución islámica de 1979). Existe un proyecto ruso de construir un oleoducto que atravesaría Irak y Siria. Un proyecto que amenazaría los intereses de los EEUU y Turquía (uno de los principales beneficiarios del paso del petróleo iraní por su territorio e incondicional aliado de los EEUU en la región) y de las petromonarquías sunitas del Golfo, entre las que en primer término se hallan Arabia Saudita y Catar.

Según el periodista Charlie Skelton de The Guardian la “transición democrática” en Siria viene siendo preparada por los EEUU desde 2005 a través del programa Arab Reform Initiative iniciado por el Council of Foreign Relations (CFR) uno de los think-tank (6) más influyentes en materia de política exterior de los EEUU. Un artículo del Washington Post –apoyándose en cables diplomáticos confidenciales filtrados por Wikileaks– descubrió que en 2008 que el Departamento de Estado de los EEUU (7) propuso destinar cinco millones de dólares a financiar la democratización de Siria, acelerando el trabajo de los reformadores en Siria. En 2008, también, el Democracy Council con sede en los EEUU y el Movement for Justice and Development (MJD) con sede en Londres, organizaron en Washington una conferencia cuyo objetivo estaba claramente expresado en el nombre de la reunión; “Siria en transición” El MJD –una red de opositores sirios en el exterior– habría recibido seis millones de dólares del mismo Departamento de Estado para desarrollar actividades, especialmente a través de la cadena Barada TV.

Siempre en el mismo sentido, un artículo del New York Times, revela que el autodenominado “Ejército Sirio Libre” (Free Syrian Army o FSA), recibía en 2011 ayuda de agentes de la CIA instalados en el sur de Turquía. Su objetivo era seleccionar combatientes anti-Assad a quienes entregar armas (fusiles automáticos, lanzacohetes, municiones y armas antitanques) provistos por Turquía, Arabia Saudita y Catar. Estas armas luego se enviarían a Siria a través de “una oscura red de intermediarios que incluía a los Hermanos Musulmanes sirios” (8).

En 2012, el Departamento de Estado autorizó finalmente una ayuda de 15 millones de dólares (equipamiento médico y material de comunicaciones) para los “grupos de oposición civil” en Siria. De todas maneras esta suma parece casi ridícula comparada con los 300 millones de dólares prometidos durante la reunión del Syrian Business Forum llevada a cabo en junio de 2012 en Doha (capital de Catar). Ese fondo –aportado por hombres de negocios sirios establecidos en el extranjero– estaría destinado a “apoyar a todos los componentes de la revolución siria” según lo expresado por Wael Merza, entonces secretario general del Dyrian nacional Council (SNC). Según Merza 150 millones de dólares se habrían gastado en parte para financiar las operaciones militares de la Free Syrian Army.

Es importante destacar que el Syrian National Council, órgano político de la oposición siria creado en Turquía en 2011 se halla constituido en su mayor parte por los Hermanos Musulmanes sirios y ha sido ampliamente financiado por la Libia post-Gadafi (alrededor de 20,4 millones de dólares) (9). Para el investigador Fabrice Balanche (10) el Syrian National Council “es un grupo muy dispar financiado por Catar y apoyado por Francia” (11).

Desafíos políticos de las guerras modernas: un secreto a ventilar

Estos hechos, totalmente desconocidos por el gran público, juegan sin embargo un papel determinante en la política exterior de los EEUU y aún con mayor amplitud en la competencia descarnada y mortífera que libran todas las naciones del mundo. Se nos habla de “luchas de las civilizaciones”, una tesis maniquea y simplista que oculta los verdaderos desafíos geoestratégicos que subyacen en las guerras que se emprenden en nombre de la libertad, de los derechos humanos y de la democracia. Ya se trate de una guerra civil, convencional, asimétrica o disimétrica para retomar la terminología militar, o aún más de baja o de alta intensidad (con todo el cinismo que encierra la expresión “baja intensidad” para quienes sufren los conflictos) la primera y más desastrosa consecuencia de una guerra es la muerte y el éxodo de millones de personas. La guerra implica la atomización de las familias, el desgarramiento de un pueblo, la agonía de una cultura, la regresión de una historia. La guerra deja tras de sí territorios exangües, países devastados, ruinas humeantes y cadáveres putrefactos. La guerra desfigura y deja cicatrices. Las guerras de Irak y de Afganistán que han costado 5 billones de dólares (12) a los contribuyentes estadounidenses, han costado en principio la muerte de más de un millón de personas, de las cuales 200.000 han sido identificadas como muertos de guerra directos.

Las multinacionales que explotan el petróleo y el gas del Cáucaso y de Medio oriente, las maniobras geopolíticas mezquinas e hipócritas de los estrategas de los think thanks de los EEUU, los ríos de diamantes y los sueños también faraónicos de los insensatos monarcas del Golfo, los cálculos puramente pecuniarios de los vendedores de armas transnacionales, los mafiosos millonarios que se benefician con las exacciones y las “victorias” de uno u otra milicia armada… ¿Merecen todos ellos que un solo ser humano muera en el altar de sus intereses?

Notas:

(1) La realpolitik (política realista) ha sido definida por el diplomático estadounidense Henry Kissinger como la “política exterior basada en el cálculo de las fuerzas y el interés nacional” Henry Kissinger, Diplomatie, éd. Fayard, 1996, p. 123.

(2) Una divisa es la unidad monetaria de un país o de una zona económica.

(3) Presentación del FMI por sí mismo: Guía del FMI ¿Qué es el Fondo Monetario Internacional? Washington, 2004, p.1

(4) Organization of Petroleum Exporting Countries u Organización de los países exportadores de petróleo (OPEP) en español.

(5) Carta del PNAC al presidente Bill Clinton en el sitio Internet del PNAC

(6) Grupo de reflexión informal y privado que puede actuar a veces como lobby ante un gobierno

(7) El equivalente en los EEUU a un ministerio de Relaciones Exteriores

(8) Eric Schmitt, “C.I.A. Said to Aid in Steering Arms to Syrian Opposition”, NYTimes, 21 junio 2012.

(9) Cifras oficiales de octubre 2012

(10) Director del grupo de investigaciones y estudios sobre el Mediterráneo y el Medio oriente (Gremmo) y doctor conferenciante en la Universidad de Lyon 2

(11) Armin Arefi, “Syrie: l’opposition en voie de décomposition ?”, Le Point.fr, 29 de febrero de 2012.

(12) Tomando en cuenta los costos indirectos y subsecuentes.

Fuente: https://karamareporter.wordpress.com/2013/11/15/des-petrodollars-aux-petrowars-les-dessous-de-la-politique-etrangere-us/

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