Entrevista a Reinaldo Iturriza, Ministro para las Comunas: Tan cerca de la calle, tan lejos del ministerio

Foto 0

Antes de ser nombrado ministro, lo entrevisté y nos tomamos un café. Reinaldo Iturriza coleccionaba los escritos de José Roberto Duque. Ahora, nos montamos en el Metro- Cable San Agustín, antes que el presidente Maduro hablara de TV Comunas

“Aquí, de verdad, verdad, hay gente construyendo socialismo y nosotros hacemos como si esa vaina no estuviese pasando. Hay un acumulado de experiencias que estamos dejando ir. Hay que agarrar todas esas historias y convertirlas en todos los bienes culturales posibles. En todos los formatos posibles. ¿Dónde está?, muéstrame el libro que hable de las comunas. Eso no existe todavía”.

—De pana y todo: ¿Estás solo en ese asunto de las comunas?

—Coño, uno siente que a veces hace falta mayor concurso de otras instituciones. Lo que pasa es que cuando tú te vas para la calle y te metes montaña adentro con los comuneros y comuneras es al contrario, uno se siente acompañado. Yo creo que en este proceso -y es una enseñanza, a título personal, ya que me lo preguntas de esa manera- somos muchos más de los que creíamos; hay mucha gente involucrada en esto. Es absolutamente entendible que el Estado según las lógicas de funcionamiento normales, tradicionales, se resista. Por regla general, en las cabezas está la disposición, lo difícil es empujar la institución de la que eres responsable a cumplir la tarea, incluido, muchas veces, el Ministerio de Comunas.

Hora de otro café. Antes de subir al Metrocable, Iturriza se busca en los bolsillos; no tiene. Me toca brindar. Se lo compro a una muchacha: Anaís Gómez. Ella vive en San Agustín. El café cuesta 4 bolos, 5 los cigarros y 2 las llamadas. Solamente tomamos café. Tiene 27 años. Lee Ciudad CCS a veces, no conoce Épale CCS y se gana unos 300 bolívares diarios. Entonces le pregunto: ¿Estás casada? -No. ¿Tienes novio? -No, me botaron (risas). “¡¿Qué habrás hecho?!”, se pregunta el ministro.

En el semáforo, antes de cruzar, un carro se detiene: “¡Camarada!” y el conductor saca la mano y la choca con Iturriza. Es Antonio Cermeño, el ex campeón mundial de boxeo. “Él es un pana que tiene toda la vida haciendo trabajo comunitario, social, ¡político! En Petare, a propósito de “el otro beta”, Cermeño fue fundamental para entrar y desplazarnos, porque lo respetan mucho”. Nos subimos al Metro cable. El ministro sigue sin dinero, me tocó pagar otra vez, 1,5 bolos cada boleto.

Comunas en construcción; todas están en construcción. Iturriza me cuenta de experiencias de comunas en todo el país, e insiste en la necesidad de contarlo. “Lo importante no es el registro, que tiene su connotación política, ese proceso de elaboración de la carta fundacional de tu parlamento, no es irrelevante, eso permite regularizar, nivelar y acompañar más fácilmente aquellos territorios que tienen menor tradición de lucha, donde la cosa es más incipiente. Pero en los lugares donde la gente tiene mucho tiempo peleando es, a veces, un obstáculo. Somos nosotros los que tenemos que ponernos al ritmo de la gente. En el gobierno de calle, en Falcón, registramos 14 de un solo tiro. Gente que viene de la guerrilla, que se emocionaron cuando tenían el registro en sus manos, tener el reconocimiento y decir que ya son una comuna. ¿Y ahora? ¿qué hacemos? En esa etapa estamos ahorita, ellos tienen muchas propuestas que estamos revisando”.

En la cabina, hablamos, callamos, miramos al barrio y a la otra parte que no es barrio. Hacemos transferencia y entramos a otra cabina que ocupaba una señora. Ella no quiere preguntarle nada porque no le gustan las entrevistas; otros silencios, sin incomodidades. Contemplando San Agustín nos preguntamos por el nombre de la plaza que vemos. La señora nos explica. Nosotros los turistas; ella la guía.

“Lo peor de ser ministro es no poder escribir. Y lo mejor, coño, tener la posibilidad de hacer cosas; chance de hacer cosas. Patricia Villegas -tremenda entrevistadora- me preguntó que cómo era eso de la crítica, ahora que estoy en un cargo, y yo le respondí más o menos convencionalmente; la entrevista estuvo buena, pero la respuesta correcta es que ahora tú tienes no solo la oportunidad de hacer la crítica sino de resolver la vaina”.

—¿Te sientes satisfecho?

—Satisfacción es poner la institución al servicio del poder organizado, sin tutelarlo, respetando su ritmo, creando las condiciones para fortalecerlo, es decir, que cuando yo ya no esté en el Ministerio la gente no se pregunte por el Ministerio sino que valore positivamente lo que quedó en la calle. Que logremos mostrar las cosas que están sucediendo. Que el mismo chavismo cuente su historia. Creo que nosotros le debemos a la humanidad, así suene rimbombante, no nos da vergüenza hablar en esos términos. Por eso el presidente Chávez hablaba de salvar a la humanidad del capitalismo, el quinto objetivo, le debemos contar que aquí hay una manera distinta de concebir la política. Una revolución depende de que la gente esté molesta. No seamos tan ciegos que, por omisión, volvamos a ser un pueblo cínico, políticamente. Que no nos importe nada. El chavismo empieza cuando el pueblo ya no cree en nadie pero comienza a creer en sí mismo, y, a través de Chávez, comenzamos a redescubrirnos. Comenzamos a ser responsables, a asumir las riendas de nuestro destino. La cosa no es solo ganar elecciones, tenemos que acompañar al sujeto político. Hay una realidad que nos interpela. La Revolución es vertiginosa; va a millón. La TV nuestra va a diez kilómetros por hora.

—¿Qué es la comuna?

—Primero, un nivel básico. Los consejos comunales comparten territorio, historia, la convicción de que tienen que trabajar unidos para lograr mayores cosas, para que el horizonte del autogobierno se acerque un poquito más. Esa gente cumple unos trámites de los cuales no vamos a hablar ahorita, y en ese territorio, para afianzar más las formas de organización popular, en el marco de la Constitución crea su propio órgano de deliberación: el parlamento comunal. ¿Para qué? Para que sea factible el autogobierno, que es la posibilidad de decidir sobre la economía de ese territorio. Es fácil en el territorio rural; el urbano es distinto. Yo creo que nosotros deberíamos dedicar un porcentaje del PIB para las comunas. ¿Qué es lo que garantizaría la comuna? La administración de los recursos, distribuyendo equitativamente el excedente y creando oportunidades a la gente para que pueda ganarse la vida.

—¿Y ser más felices?

—Mucho más que ahorita. Producir bienes culturales, mostrar esa otra cultura popular; genuinamente popular. Mira, tú sabes que yo creo que la sociedad venezolana es más feliz que antes. Y no por bonachones, o jodedores, que lo somos, ¿cuál es el peo? Claro que sí, asumimos la fiesta como parte de nuestra vida. Para nosotros, la política hace mucho tiempo comenzó a ser una fiesta. Nada más divertido que una marcha chavista. Creo que la Revolución Bolivariana ha significado más felicidad. La gente cuando pelea, pelea alegre; pelear da contentura, por la perspectiva de construir algo distinto. ¿Y sabes lo sabroso que es ganarle tantas veces a la oligarquía en 14 años? ¡Hay que celebrarlo! Eso no es una utopía, es una posibilidad cierta; la comuna es una posibilidad cierta, y nadie dijo que es fácil, yo tengo dudas, tú me preguntas eso ahí y yo estoy pensando en cómo hacemos para construir comunas de verdad, es parte del trabajo, no es una fórmula, están los comuneros de Mérida, yo no sabía de ellos y no me da vergüenza decirlo, somos unos profundos ignorantes de nuestra historia. Medio comenzamos con Chávez a indagar en nuestra historia, para ser capaces de responder, más allá de una respuesta de manual, qué es eso de una Comuna.

Fuente: http://www.ciudadccs.info/?p=472429

Anuncios