¡Fuera la OTAN de Suramérica!

Por Ronald Muñoz

Independencia_de_Cuba,_revista_la_flaca,_1873.

Decía yo en un artículo de hace un par de semanas que la MUD es guerra y caos, que eso busca generar dentro del país con la finalidad de justificar una intervención internacional contra Venezuela.

Los hechos recientes demuestran que la MUD, o al menos parte de ella, no solo está en consonancia con el plan de la violencia en nuestro país, sino que la derecha venezolana es aliada de la guerra en cualquier lugar del mundo donde esta se encuentre. Basta ver con quiénes se han reunido los voceros de la MUD que salieron a hablar mal de nuestro país en el exterior: lo más rancio de la derecha suramericana, servidora rastrera de los intereses de las potencias colonialistas de siempre.

El colofón del periplo se dio en la Casa de Nariño, lugar en el que el presidente Santos recibió a Capriles Radonski, el prefabricado líder de la derecha venezolana. En lo personal pienso que Santos puede reunirse con quien desee, y más teniendo en cuenta la similitud entre el origen económicamente elitesco de ambos. Es lógico que tengan una visión e intereses en común sobre lo que piensan que debe ser la dirección a tomar por nuestras naciones. Una cosa es que Santos haya sorprendido por su talante negociador y otra diferente es creer que cambió radicalmente su forma de ver el mundo cuando ganó la presidencia de Colombia. Santos siempre será lo que siempre ha sido: un político de derecha proveniente de la oligarquía colombiana, una oligarquía que se ha caracterizado por su vivir obedeciendo las directrices que le manden desde Estados Unidos.

No obstante que yo piense que tienen derecho a reunirse donde quieran, y que incluso también pienso que la respuesta de nuestro gobierno ha sido exagerada porque reposicionó mediáticamente a Capriles por unos días, hay un hecho que, a la luz de lo que es el proceso de integración suramericana, verdaderamente nadie en este continente puede dejar pasar: el anuncio de Santos de pretender incorporar a Colombia en la OTAN.

Un detalle para no perder de vista es que el anuncio lo realiza Santos a pocos días después de reunirse con Capriles Radonski, y de la consecuente reacción del Gobierno Bolivariano de Venezuela. Es obvio que en la MUD también sueñan con ser parte de la OTAN.

La OTAN es una alianza geopolítico-militar creada en el marco de la guerra fría con el único objetivo de acabar con la Unión Soviética. Tanto así que la URSS llegó a pedir su inclusión dentro de la alianza con la finalidad de garantizar la paz, pero su petición fue rechazada: el objetivo de las potencias de la OTAN nunca es la paz, sino la derrota incondicional de aquellos a quienes consideran adversarios.

Al caer la URSS, la OTAN se redimensionó y fue adaptándose a las nuevas circunstancias geopolíticas. Se fue incorporando a países otrora del denominado bloque socialista de Europa, e incluso a repúblicas que fueron miembros de la Unión Soviética. La OTAN mandaba un nuevo mensaje al mundo: el objetivo ahora no solo era Rusia sino también China, y cualquier otro potencial bloque emergente.

¿Qué necesidad tiene Colombia de incorporarse en el bloque creado para atacar a la URSS y que sigue existiendo para mantener hostilidades contra Rusia y China? ¿Qué tiene que ver eso con Colombia? ¿Acaso alguna de las empresas trasnacionales que hacen la guerra por petróleo y otros recursos estratégicos es de Colombia? ¿Acaso China o Rusia han agredido de alguna manera a nuestros hermanos neogranadinos?

Si bien es cierto que la OTAN ha respondido que no está interesada en el ingreso de Colombia, también es cierto que el Gobierno de Estados Unidos sí manifestó su apoyo a la posible inclusión, tal como lo ha manifestado Roberta Jacobson, secretaria de Estado para América Latina. Curados como estamos de la ingenuidad geopolítica, no parece probable que Santos realizara semejante anuncio sin haber sido empujado a esto por Washington, después de todo, para Santos, más que un beneficio, representa un problema con sus vecinos del sur, pero para Estados Unidos representaría un nuevo intento de control territorial sobre Suramérica.

imagen indPorque atrás quedaron los días en los que la Casa Blanca daba órdenes a todos los presidentes de América del Sur, eso solo se mantiene en la actualidad con dos o tres, frente a un bloque insurgente que lucha por primera vez en la historia haciendo valer su soberanía. Hace 50 años nadie hubiese tomado en serio una pretensión de países suramericanos de hacerse valer por sí mismos de forma unida en el contexto geopolítico internacional, hoy tal pretensión, más que un lejano sueño, es cada vez más una realidad concreta. Así comenzaron todos los bloques que hoy son respetados en el mundo. En este momento América del Sur se enfila bajo el liderazgo de Venezuela, Brasil, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Argentina, a constituir un bloque regional soberano tanto en lo militar como en lo industrial, científico y tecnológico, porque solo cuando se desarrollan las tres últimas se consolida de manera real la primera: solo quienes producen su propio armamento son capaces de hacerse respetar, y hacia eso se dirige Suramérica.

Con un pacto públicamente declarado como lo es el Consejo de Defensa Suramericano, la alianza militar suramericana no debería representar un problema para nadie, pero estamos claros en que es un problema muy grande para los agresores de siempre.

La crisis diplomática de 2012 por el caso Julian Assange, en la que el Gobierno de la Gran Bretaña anunció que ingresaría por la fuerza a la Embajada de Ecuador para arrestar al perseguido, es una muestra de cómo los tiempos cambian: ante la posición firme del bloque suramericano, el Reino Unido tuvo que recular. Una guerra contra Ecuador posiblemente hubiese sido muy fácil para ellos, pero no una guerra contra toda Suramérica. Europa y Estados Unidos se dieron cuenta de que algo había cambiado en el contexto internacional.

Si el enemigo antes fue la URSS, y luego Rusia y China, es claro que ahora la Unasur ingresa a la lista de oponentes estratégicos de la OTAN. Si Suramérica sigue consolidando su soberanía y desarrollando la capacidad para producir su propio armamento, llegará el momento en que nuestra tecnología bélica esté a la altura de las potencias de siempre, entonces sería imposible que algún ejército extranjero pisotee el orgullo de alguno de nuestros pueblos para hacerse con el control de algún recurso estratégico o algún territorio o isla.

Ante lo que se perfila como acciones de hostilidad a futuro en contra de nuestro bloque, Colombia no puede ser miembro del Consejo de Defensa Suramericano y a la vez de la OTAN. La Casa de Nariño, pero sobre todo el pueblo colombiano, ese mismo que casi nunca vota masivamente porque no se siente representado en su sistema democrático, tendrá que decidir si elige el camino de la paz y la soberanía o se pliega nuevamente a las miserables políticas belicistas de un grupo de países que son responsables de todas las guerras que han existido a lo largo de la historia, porque no existió guerra en el mundo en la que de manera directa o indirecta no estuviese implicado alguno de los países que hoy forman parte de la OTAN.

Que un presidente de Colombia pida el ingreso de su país a un ente como la OTAN es un acto de traición a su pueblo, pero sobre todo es una traición a Bolívar, el Libertador que dio su vida para expulsar de nuestro suelo a las mismas potencias que hoy conforman la OTAN.

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