“Chávez está en las calles” Resignificación simbólica de espacios urbanos caraqueños a través del graffiti

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Attilio Lafontant

 

  La siguiente reflexión corresponde a la específica coyuntura política e ideológica que el país transita: la muerte de Hugo Rafael Chávez Frías, líder de una revolución de corte bolivariana del siglo veintiuno. Resulta interesante pues, bajo esta experiencia etnográfica, analizar cómo los marchantes expresaban no solo la tristeza del luto por la desaparición física de un “líder”, sino también la aspiración colectiva de continuar el proyecto político que se está llevando a cabo actualmente en nuestro país.

El primer acercamiento a Chávez como categoría de análisis, es harto importante mencionar de manera rápida y resumida en qué consiste la punta de lanza del proyecto político llevado a cabo –retomado– por el presidente , a saber, el renacimiento de la “Ideología Bolivariana del Siglo XXI”: Nada más necesario que especificar las raíces teóricas e históricas de semejante perspectiva, esta es, el denominado “Sistema EBR”, que una vez más, sirve como evidencia específica de el existente hilo conductor discursivo que se ha mantenido desde el siglo diecinueve, a partir de tres pilares:

El primer pilar proviene de una influencia que bien el presidente denominaría “Robinsoniana”, que emerge de la conocida praxis educativa de Simón Rodríguez, quien cambió su nombre original a Samuel Robinson. Su principal aporte intelectual a la filosofía política de la épica bien puede capitalizarse enunciando en 1842, en el texto “Sociedades Americanas”:

“¿Dónde iremos a buscar modelos? La América Española es original. Originales han de ser sus instituciones y su gobierno. Y originales los medios de fundar unos y otro. O inventamos o erramos”

Consecuentemente, el segundo pilar, de corte “Bolivariano”, la define Chávez como la semilla central de un concepto que nace en un período específico de la historia. Simón Bolívar, durante el Congreso de Angostura, el quince de febrero de 1819, proclamaba con rigor una independencia legítima venezolana: “Nuestras leyes funestas reliquias de todos los despotismos antiguos y modernos, que este edificio monstruoso se derribe, caiga y apartando hasta sus ruinas, elevemos el templo a la justicia, y bajo los auspicios de su santa inspiración, dictemos un código de leyes venezolanas”.

El tercer pilar se denomina bajo la nómina “zamorana”, orientada a su vez por Ezequiel Zamora. Político federalista y militar, invita a sus seguidores a clarificar la existente lucha de clases del momento, invitando en 1846, “a seguir adelante con una imperiosa necesidad para quitarnos el yugo de la oprobiosa oligarquía y para que, opóngase quien se opusiere, y cueste lo que costare lleguemos por fin a conseguir las grandes conquistas que fueron el lema de la independencia”

Resumidas las tres raíces que definen, desde tiempos remotos, la ideología planteada por Chávez, se rescatan diversos referentes discursivos y políticos provenientes de las luchas de independencia, otorgándole vigencia contemporánea y atribuyéndole una memoria y constitución política dentro del imaginario de la población venezolana, dándole sentido de conducción con proyección a largo plazo del proyecto ideológico.

Como último punto, es importante recalcar que la figura del presidente ha encarnado distintos papeles y roles dentro de la sociedad. Durante la experiencia de campo, se podía escuchar entre la gente que Chávez, como héroe cultural de liderazgo significativo, podía representar al mismo tiempo un hermano, un padre, un amigo, o el hijo de Bolívar. Llegado al punto de su fallecimiento, su pensamiento y obra supera el plano físico y se consagra en el plano ideológico que trasciende al imaginario venezolano y se inscribe en los libros de historia contemporánea de Venezuela.

En este ensayo se hará énfasis en la coyuntura política actual venezolana tras la muerte del presidente Hugo Rafael Chávez Frías y sus repercusiones simbólicas sobre los espacios urbanos caraqueños establecidos en el acto del peregrinaje, un día después de su fallecimiento. Consiste pues en un abordaje etnográfico in situ en la marcha realizada el sexto día del mes de marzo del 2013.

Debemos destacar primero una importante diferencia entre la ciudad como lugar de estudio donde la marcha se manifiesta, y lo urbano como una estructura dinámica. A su vez que la ciudad es sólida, institucionalizada por la estabilidad del culto al concreto armado; lo urbano se constituye por relaciones fluctuantes y efímeras, o como Manuel Delgado (1999) refiere a estructuras líquidas: “paseantes a la deriva, extranjeros, viandantes, trabajadores y vividores de la vía pública, disimuladores natos, peregrinos eventuales, viajeros de autobús”. Se rescata aquí la idea de que el espacio público es el territorio donde la ciudad y la actividad urbana coexisten y encuentran significado.

Adentrándonos más a las significaciones espaciales, concebimos el espacio urbano como aquél en donde “la palabra se relaciona con la imagen, el signo con el significado, el lenguaje con los sentimientos. El desplazamiento que los conecta, es el movimiento que les da sentido” (González; 2005: 209)

Durante la jornada los marchantes expresaban múltiples pancartas alusivas a la imagen del líder, y a su vez distintas consignas verbales que anunciaban no solo la tristeza del luto por su desaparición física, sino también los aires de esperanza inspirados por la creencia en el proyecto político llevado a cabo en  estos últimos catorce años de gobierno, y que determinadamente los simpatizantes aspiran a su continuidad en las próximas contiendas electorales.

Se ha decidido (debido a la multiplicidad de variables objetivas ricas en su estudio) dedicar exclusiva fotografía a textos que hacen juego dentro del entramado simbólico urbano, reflejados concretamente en las superficies verticales de los edificios, columnas, kioscos y murales, a saber, la técnica del graffiti y su tipo de uso, ya sea como un medio de expresión colectiva o también como una estrategia política tradicional que resignifica simbólicamente las calles principales recorridas, definidas a su vez como espacios políticos de protesta.

Desde tiempos antiguos, el individuo ha concebido a las paredes de su entorno de convivencia como un lienzo a cielo abierto para prefigurar distintos pensamientos y sentimientos por medio de diversos materiales, entre los cuales predominó el carbono natural del grafito, tizas y carboncillo.

El graffiti como forma de comunicación gráfica no oficial, proviene de la voz italiana graffito, que a su vez viene heredada del griego graphis, es decir un extensivo de la palabra grafía que especifica la acción de escribir. Es necesario pues señalar la coincidencia del significado graffiti con el oficio del grabado sobre cualquier superficie sólida. Sin embargo este medio de expresión se ha venido resignificando con el pasar de los siglos hasta nuestros días, hasta el grado de adquirir un exclusivo matiz urbano sobre los muros y objetos construidos en las ciudades. A su vez, el oficio ha devenido como instrumento para la memoria histórica, tanto personal como colectiva, que reivindica un pasado específico ya hoy día legitimado–ideas que numerosas veces se han opuesto al discurso de la historia oficial y tradicional.

Abordaje etnográfico

He tenido la oportunidad, junto a colegas y amigos, de asistir al peregrinaje presidencial realizado el día miércoles, seis de marzo del año 2013. Se ha procedido a realizar la etnografía in situ durante el día entero. En principio teníamos planeado acercarnos al Paseo Los Ilustres para establecernos desde temprano en una de las gradas de la extensa pista, espacio y destino final del recorrido. Sin embargo, ya desde las nueve de la mañana, la Guardia Nacional Bolivariana impedía el paso de vehículos por vías adyacentes a la plaza del obelisco, debido a que un gran número de personas estaban arribando en los espacios del boulevard. Ya el concreto de la vía se hacía invisible ante la presencia de tantos representantes y votantes de partidos simpatizantes a la causa oficialista.

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A raíz de esta situación decidimos participar en todo el recorrido y no solo quedarnos en Los Próceres: nuestra decisión de acompañar el féretro desde el principio de la marcha era clara y concisa, así que descendimos al servicio del Metro para transportarnos hasta la estación Maternidad, aquella que nos trasladaría al punto más cercano al Hospital Militar de Caracas, punto de partida del acto solemne e inicio del trabajo de campo en sí.

Al subir por las escaleras del metro, se escuchaban voces, cornetas e indicios de que nos toparíamos con una asistencia masiva de personas impregnando ya las afueras de la estación. Y se estaba en lo cierto. “Chávez, te queremos junto a Bolívar”, gritaba una niña, acto seguido en que adultos adyacentes le respondían a voz unísona: “Viva”. Mientras tanto, un grupo de personas trepaban arboles de estimada altura para alcanzar a montarse en los techos de las estaciones, e inclusive de los teléfonos públicos, con el fin de extender su visualidad panorámica en toda la calle San Martín, inscritos espacialmente al frente de la Maternidad Concepción Palacios. Todos los simpatizantes, buscaban asemejar su vista al lente cenital de una cámara fotográfica para obtener una vista entera de su entorno. Ante esta búsqueda, cualquier objeto sólido situado en el espacio público era valedero para montarse sobre él.

El nerviosismo colectivo se hacía notar ante la inminente llegada del cuerpo del presidente, y todos querían establecer un contacto visual fidedigno de la carroza al momento de su llegada. A su vez, los edificios laterales ubicados en las aceras la Avenida San Martín comenzaban a vestir el tricolor de la bandera por medio de la cual, los inquilinos que no participaban directamente en el recorrido de la marcha, mostraban su apoyo afectivo y emocional a los caminantes.

Casi todas las personas presentes buscaban espacio para guindarse entre la calzada y aglomerarse en las isletas a cada momento en que un vehículo se aproximaba. La solemne expectativa  de todos los presentes traducía el hecho de que cualquier movimiento o acontecimiento irregular en el entorno se significara en la llegada del tan esperado féretro presidencial a ese trozo de avenida circunscrita a la avenida San Martín.

No sería sino cercano a las once en punto cuando, en medio de la agitación, la urna del presidente se hiciera presente en la calle. Se exponía la urna haciendo paso de gala entre sus seguidores, estremeciendo cada rostro congregado, proseguido de llantos, cánticos y consignas entonadas con exclusiva atención al portarretratos de la foto del presidente fallecido que posaba en la urna misma. Ya desde ese momento supe que la causa hecha objeto del peregrinaje había ya tocado la puerta de nuestro entorno más próximo, y tuve el sentimiento de una extraña carga emocional invasora de sentidos que me invitaba a formar parte de la ceremonia hasta el fin del día. Más allá de querer describir el símbolo, me propuse en principio sentir su significado en concordancia con las gentes y dedicarme al seguimiento in situ del peregrinaje. Aquí comienza nuestra caminata en el sentido estricto de la palabra.

53Una reflexión que merece ser acotada en este punto de la marcha, es que miles de personas han salido de sus hogares sin convocatoria alguna. Durante el camino no era sorpresa toparse con vehículos “pick-ups” con personas que izaban las banderas de partidos políticos circunscritos al espectro de la izquierda venezolana; pero harto interesante era encontrarse con abanderados políticos del Partido Comunista de Venezuela (PCV) justo al lado de creyentes religiosos a la devoción cristiana, enarbolando la cruz romana como objeto sagrado. ¿Pudiera considerarse esta ceremonia, cargada de actos simbólicos, como momento sui generis donde fuerzas sociales tan opuestas hayan rendido culto a la figura política del presidente Chávez, en mismo tiempo y espacio? Algunas de las influencias filosóficas más demarcadas del presidente –que siempre recalcaba como fundamentales en cada alocución –son el cristianismo, el guevarismo, el leninismo y el socialismo. Es evidente que las corrientes políticas y religiosas se entrecruzan entre sí en aras de fundamentar al chavismo como sistema de pensamiento y como dijo el presidente un día, la organización de una “mística revolucionaria”. Las contradicciones teóricas y morales se desdibujan en el discurso político, pero a plena luz del análisis, siguen reluciendo las imprecisiones ideológicas que, desde tiempos remotos, buscan configurar una mitologización del mundo con base en experiencias políticas presentes.62

40“Ha muerto un revolucionario, no la revolución”, es uno de tantos graffitis presentes en las paredes de tiendas, almacenes y edificios que sirven como sólido cartel para los artistas que, mientras la marcha avanzaba, se redefinía el espacio a través de semejante oficio entre paredes. Puede considerarse este momento de performance artístico como un acto simbólico, entendido desde distintos puntos (Roget’s Thesaurus):

–       Como ritual: a través de un procedimiento objetivamente verificable de realizar un acto, un método, una rutina.

–       Como práctica simbolizadora de espacios públicos

–       Como metáfora a la ceremonia en proceso

–       Como culto a una institución política y cultural del Estado y rendición de culto a objetos devocionales de gran carga afectiva.

Haciendo paso entre transeúntes, motos, vehículos y vendedores informales, ya se ha recorrido la primera avenida del día y hemos cruzado a la entrada de la Avenida Lecuna. En mis oídos resonaban tantas canciones que emanaban de los equipos de sonido de distintos carros, y su identificación resultaba difícil. Pero una en particular ha llamado la atención, a saber una de Alí Primera: “Los que luchan por la vida no pueden considerarse muertos”.

37Manifestantes cantan a pie de letra respetando la rítmica y el registro vocal del cantor, mientras otros, hablando entre simpatizantes, destacaban considerablemente la trascendencia de las Misiones como instrumentos capitalizadores de las demandas más necesitadas de las clases populares. Es importante mencionar que gran parte de los ingresos nacionales, producto de la actividad petrolera, se hayan traducido en un total de treinta y un misiones. Inversión al Deporte, al hábitat y a la vivienda, a la salud comunitaria, educación primaria, alimentación básica, música y cultura, y entre otros, son solo algunas de las áreas donde grandes sectores populares de la nación se han visto beneficiados, directa e indirectamente; el impacto emocional que la política haya tenido entre la población más desfavorecida del país es evidente, ya sea que su política haya tendido al fracaso o al éxito. Se recalca pues, a través de los manifestantes presentes, la idea de concebir a Chávez como un líder trascendental de una revolución, aquél que ha “regalado patria” y que a pesar de su desaparición física “no ha muerto” y que simbólicamente “vive en el corazón del pueblo”

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La imagen de Chávez como un maestro del discurso, como impulsor intelectual y contemporáneo de “Nuestramérica”, ha devenido –antes y después de su muerte –en personaje clave referente en el imaginario político de la región. Múltiples concepciones ideológicas traídas a colación al mundo contemporáneo, desde la historia política venezolana del siglo XIX, vienen cargados con entramados simbólicos específicos. Como ejemplo específico, la imagen del “líder” se ha constituido como un modelo referencial 60actualizado de la ideología bolivariana; a través de las pintas de murales se aborda la construcción simbólica de un hilo conductor que tiene su origen en el pasado independentista y que finaliza con la actualidad política. Un ejemplo claro de semejante fenómeno es que, al adentrarnos al comienzo de la Avenida Nueva Granada, los manifestantes gritaban en conjunto: “Chávez al Panteón, al lado de Simón”. No resulta extraño, entre la mayoría de la población votante, concebir al fallecido no solo como el penúltimo presidente de nuestro país, sino como el “libertador del siglo XXI”, como bien ilustra uno de tantos graffitis desdibujados en la avenida recorrida, como nueva reconfiguración de lo tradicionalmente heredado.

 

Cuando se asume estas prácticas simbólicas latentes –cabe decir que los artistas del graffiti realizaban sus pintas al ritmo del paso de la marcha –, donde las paredes dejan de ser simples estructuras verticales para convertirse en lienzos públicos, sirven de espacio receptor y de apoyo a las consignas verbales que los marchantes dictaban a los pintores, es decir, que estos últimos escribían las paredes guiándose por los clamores y gritos que las personas congregadas hacían mientras enlutaban la muerte del presidente por las calles. Sin embargo es necesario hacer crítica del momento por el hecho de que el Estado, a través de la historia reciente y su entrecruzamiento con otros referentes histórico-nacionales, indican la sujeción de tradiciones específicas que “patentizan el uso político del pasado ya que todas las tradiciones inventadas utilizan la historia como legitimador del presente social, tanto como discurso estabilizador o como símbolo de lucha” (Navarrete; 2009: 85). Es necesario esclarecer la clave teórica de que la historia seleccionada define la ideología nacional del Estado, que no siempre se resguarda en la memoria colectiva y popular, y que para el caso concreto de las paredes pintadas, se busca no solo resignificar los espacios urbanos en donde fueron realizados, sino también redefinir un vocabulario político elemental vacío de significado en pasados remotos del siglo XX. Palabras como democracia, pueblo, revolución, patria, izquierda, y un largo etcétera, se ven modificadas y resignificadas con nuevas definiciones institucionalizadas al paso del tiempo, en paralelo a la construcción de una nueva ciudad, ya desde el plano subjetivo; múltiples necesidades de legitimar la figura del presidente confieren sentido a las estructuras sólidas de las ciudades. Estamos en presencia a un replanteamiento de la denominada “ciudad simbólica” (Hernández; 2010: 17) a través del graffiti y como la reaparición visual y sonora de Hugo Chávez Frías, después de su desaparición física, sigue existiendo en las principales avenidas de Caracas.

Bibliografía

–       González, Silverio. “La ciudad venezolana. Una interpretación de su espacio y sentido en la convivencia nacional”. Fundación para la Cultura Urbana (2005)

–       Hernández, Tulio (compilador). “Ciudad, espacio público y cultura urbana. 25 conferencias de la Cátedra Permanente de Imágenes Urbanas” Fundación para la Cultura Urbana (2010)

–       Jaimes Quero, Humberto. “Mentalidades, discurso y espacio en la Caracas de finales del siglo XX. Mentalidades venezolanas vistas a través del graffiti” Fundación para la Cultura Urbana (2003)

–       Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales. “Reinvención de la tradición en Venezuela” Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela. Dirección: Rodrigo Navarrete. Caracas, Septiembre-Diciembre (2009)

–       Molajani, Akbar. “Dictionnaire de Sociologie Contemporaine”. Ediciones Zagros (2004)

–       Diccionario Roget’s Thesaurus

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